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Emplazamientos diversos, el origen de las ciudades

Los seres humanos han construido ciudades y viviendas cambiantes a lo largo de los últimos 10.000 años de historia, de diferente densidad y tamaño, en emplazamientos diversos y con distintas tipologías.

Los seres humanos han construido ciudades y viviendas cambiantes a lo largo de los últimos 10.000 años de historia, de diferente densidad y tamaño, en emplazamientos diversos y con distintas tipologías. Entre dos mares, ciudad de 400.000 habitantes fue Constantinopla hacia el año 550, con sus palacios y serrallos a orillas del Bósforo, la actual Estambul (Turquía), abigarrada y diversa, de 11.500.000 habitantes. También junto al mar, la ciudad de New York fue capital de Estados Unidos hasta 1750, cuando acogía a 50.000 habitantes, hoy una megalópolis con cientos de rascacielos de acero y cristal, donde habitan 22 millones de personas.

De aldea a ciudad

Como vemos, la ciudad es un fenómeno plural y evolutivo. Hagamos un breve recorrido por esa evolución. Hacia el año 8000 a.C, pueblos nómadas-recolectores del suroeste de Asia observaron ventajas en el sedentarismo y comenzaron a permanecer temporadas cada vez más largas en suelos fértiles, con agua fresca en las proximidades. Estos asentamientos, de entre 50 y 300 habitantes, fueron el primer hábitat urbano del ser humano: la aldea.

Allí, por primera vez, cultivaron cereales en tierras compartidas y construyeron chozas con ramas y pieles de animales. Almacenaban el fruto de sus cultivos para disponer de él en tiempos de escasez y, poco a poco, domesticaron distintas especies de animales y cuidaron rebaños. La diversificación de la dieta y las condiciones de equilibrio y seguridad ambiental propiciaron un aumento de la población de la primitiva aldea que, para el año 6000 a.C., contaba con altar erigido en honor a dioses propiciadores de la fecundidad, cisterna para el agua de boca, ágora donde se debatían los asuntos públicos y calles de anchura suficiente para el tránsito de una persona. Las cabañas eran más robustas y amplias. Este modelo urbano fue creciendo y, desde el año 5000 a.C., se extendió hacia el Indo por el este, y hacia el Mediterráneo por el oeste.

En la misma época, la civilización Han, en China, y las culturas paleoamericanas de México utilizaban instrumentos de molienda en asentamientos estables y protegidos. Entre 4500 y 3500 a.C. la ciudad de Uruk, en Mesopotamia, llegó a contar con 50.000 habitantes. Los alimentos para tal población provenían de un radio de abastecimiento progresivamente más amplio: a su alrededor, sistemas de irrigación contribuían a incrementar la producción agrícola.

Esa protociudad disponía de almacenes de alimentos y de mercado, templos ceremoniales y palacio donde residía el poder político. Surgieron las tablillas y el lenguaje de signos escritos utilizado por funcionarios, dignatarios religiosos y mercaderes. Mientras el progreso tecnológico daba lugar a una especialización laboral impulsora del comercio, los ecosistemas del entorno padecían la sobrepresión de una explotación creciente. Como sucedería con otras civilizaciones, este desequilibrio llevó al declive a Uruk.

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