Son sólo algunas de las consecuencias de la falta de agua potable que sufre nuestro planeta. Las necesidades son cada vez mayores y las reservas menores.
Se trata de uno de los bienes más preciados de la humanidad. Sin ella todo vestigio de vida desaparecería de la Tierra. Una de cada tres personas del mundo se enfrenta a su escasez afectando a 1.000 millones. Y unos 4.000 niños mueren al día por beber agua en mal estado.
El cambio climático, el despilfarro, la mala administración y la contaminación, entre otros factores, han hecho que el vital líquido comience a escasear.
Un problema que afecta tanto a países ricos como a pobres.
Sin agua no hay futuro
Un 70% de la superficie de la tierra está compuesta por agua, pero tan sólo el 3% es dulce. Un 25% de la población mundial depende de ríos, lagos y pantanos y están en riesgo de caer en la pobreza.
En los últimos años, Europa ha sufrido algunas de las peores sequías de la historia. Según las estimaciones sobre los efectos del cambio climático en España, para el año 2050 la temperatura media podría aumentar un 2,5º C, las precipitaciones reducirse en un 10% y la humedad del suelo descender un 30%.
Además, los regadíosy el turismo están poniendo en peligro los recursos hídricos de la cuenca mediterránea. Sólo la agricultura consume el 75% de los recursos hídricos, siendo eficientes tan sólo el 15% de los regadíos. Y el turismo requiere una mayor demanda de agua. En nuestro país, las pérdidas en redes urbanas alcanzan un 34% en Andalucía, lo que significa derrochar uno de cada cuatro litros de agua dulce.
A pesar del panorama amenazante, también existen puntos luminosos. La innovación tecnológica permitirá un mayor ahorro y eficiencia en el uso del agua, así como una mayor garantía de disponibilidad y de calidad en el suministro, y favorecerá la preservación de los ecosistemas asociados al agua.
Además, un uso adecuado del agua permitirá aprovechar de forma eficiente los recursos naturales del agua dulce, mejorar el saneamiento y reducir enfermedades. La gestión del agua debe afrontarse con prevención, ahorro y optimización de los recursos hídricos.
En los mares y océanos se encuentra el 97% del agua disponible en el planeta. De esta manera, no es de visionarios afirmar que el agua del futuro, que puede asegurar un desarrollo sostenible, está en el mar. La desalación por ósmosis inversa es una solución viable.
Fiel a esta premisa y consciente de la creciente carencia de este líquido, ACCIONA Agua investiga procesos alternativos para obtener agua desalada con un bajo contenido en boro, en un solo paso de desalación, con el consiguiente ahorro energético. A través de la técnica de ósmosis inversa, se retira la sal al bombeor ésta a alta presión mediante membranas semipermeables, obteniéndose así agua potable.
Esta tecnología elimina cualquier elemento indeseable como los nitratos, carbonatos, sulfatos y pesticidas, entre otros, y suprime todo rastro de sabor y olor. Hoy en día es la técnica más avanzada, eficaz y fiable en purificación del agua del mercado y ofrece todas las garantías para el consumo humano. Además, aúna los servicios de aprovechamiento de unas aguas que por su elevada contaminación no podría aprovecharse hasta ahora, como son las residuales.
En los últimos cuarenta años, el coste del agua desalada ha vivido una importante reducción, y se calcula que un metro cúbico resulta hoy cuatro veces más barato que en 1965, fecha en la que se instaló la primera desaladora de España. Actualmente, la producción mundial supera los 24 millones de metros cúbicos diarios, un volumen suficiente para abastecer una población superior a 120 millones de habitantes. En España se cifra en más de un millón de metros cúbicos al día.
Con innovaciones tecnológicas como la ósmosis inversa se logra una mayor eficiencia energética y un ahorro en el uso del agua.