Los científicos han dado su diagnóstico: el crecimiento acelerado de las economías emergentes y de la población mundial dibuja un panorama oscuro en nuestro planeta. Nuestros hábitos actuales de consumo serán inviables en un futuro cercano.
Es hora de pasar a la acción.
No es imposible ni difícil.
En esta sección te damos algunas pautas para conseguirlo.
No todos podemos tener un aerogenerador en nuestra casa o quemar la leña de nuestros bosques, pero instalar un sistema de agua caliente solar está al alcance de muchos. La mayoría de nosotros ya usamos la
energía fotovoltaica en calculadoras y pequeños artilugios; ahora se trata de dar un paso más.
La
energía solar térmica puede utilizarse de forma satisfactoria en toda la geografía española, debido a que es uno de los países europeos que más radiación solar por unidad de superficie recibe a lo largo del año.
La principal y fundamental aplicación de los paneles solares es la producción de agua caliente sanitaria y además puede ser un complemento como apoyo a la calefacción, sobre todo para sistemas que utilicen agua de aporte a menos de 60ºC, tal y como sucede con los sistemas de
suelo radiante.
Por tanto, la energía solar se puede utilizar para varios fines:
- Calentar el agua y generar electricidad (
paneles solares térmicos)
- Crear energía para vender a la red (paneles solares fotovoltaicos)
En la mayoría de los casos, tanto las instalaciones en viviendas unifamiliares, como en edificios de viviendas, se diseñan para proporcionar a las viviendas
entre el 60% y el 80% del agua caliente demandada, aunque en zonas con gran insolación a lo largo del año, el porcentaje puede ser superior.
La inversión necesaria por cada metro cuadrado de superficie de captación instalada está entre los 400 y los 500 euros, y con unos costes de operación y mantenimiento muy bajos. En estas instalaciones,
la inversión inicial se amortiza en pocos años, dependiendo de la energía a la que se sustituya.
La corriente eléctrica generada por una instalación fotovoltaica puede ser vertida a la red eléctrica como si fuera una central de producción de electricidad. Es decir, los
paneles solares fotovoltaicos estarían
conectados a la red y las compañías eléctricas comprarían la energía, lo que administraría dinero a la comunidad de vecinos.
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