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Consecuencias ambientales del modelo energético convencional: introducción

Las previsiones de la Agencia Internacional de la Energía hablan de una demanda de petróleo de 116 millones de barriles diarios en el año 2030.

Se conoce por modelo energético convencional el que ha sostenido el crecimiento económico a lo largo de los últimos 150 años, estructurado en torno a:

La extracción y combustión de fuentes fósiles no renovables y finitas – carbón, petróleo, gas natural –, y la fisión de átomos de uranio.

La distribución de recursos energéticos a grandes distancias, a través de amplios circuitos de exportación e importación

El incremento del consumo merced a una continua ampliación de la oferta de cantidades del recurso, sean toneladas de carbón, litros de productos petrolíferos, megavatios eléctricos o m3 de gas.

Caracterizan este modelo:

La generación de una enorme cantidad de riqueza distribuida de una manera por demás desigual

La generación de gran cantidad de emisiones contaminantes y de residuos de difícil tratamiento

La externalización de costes ambientales y sociales

La generación de un gran volumen de tráfico marítimo y terrestre que ocasiona frecuentes daños ambientales

La competencia limitada tanto por la titularidad pública de muchos de los yacimientos, como por la participación estatal en firmas del sector eléctrico o de los hidrocarburos

Una muy alta concentración empresarial y una fuerte centralización de la producción

La periódica reproducción de disputas y conflictos por la posesión y control de yacimientos

La desvinculación respecto a los sistemas y medidas de ahorro y eficiencia, haciendo depender su rentabilidad más del aumento del consumo que de la escala adecuada o la calidad del servicio.

Planta petrolífera en el mar

Cuatro graves consecuencias se derivan de él: la aceleración del agotamiento de recursos finitos; los desequilibrios socioeconómicos y geopolíticos; la ineficiencia y el derroche; el cambio climático.

La aceleración del agotamiento de recursos finitos

El consumo de energía en el mundo se nutre, en su mayor parte, de fuentes no renovables. Entre 1970 y 2000, se extrajeron en el mundo 700.000.000.000 (setecientos mil millones) de barriles de petróleo; 87.000.000.000 (ochenta y siete mil millones) de toneladas de carbón; y 51.000.000.000.000 (cincuenta y un billones) de metros cúbicos de gas natural. En pocos años, la demanda de petróleo ha pasado de 66 millones de barriles diarios (1998) a 88 millones (2007).

Las previsiones de la Agencia Internacional de la Energía hablan de una demanda de petróleo de 116 millones de barriles diarios en el año 2030, por lo que las reservas conocidas darían de sí, como máximo, hasta el año 2050, alcanzándose el pico de máxima producción entre 2010 y 2020. Pero hay expertos que sostienen que ya estamos asistiendo al cenit del petróleo, y de ahí los incrementos de su precio, un 40% interanual todos los años durante los últimos 5. Por su parte, las reservas de carbón darían para un máximo de 250 años y las de gas natural para 75 años.

De hecho, la demanda mundial de petróleo será en 2013 ligeramente inferior a la pronosticada por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que ha constatado esta tendencia y que los precios del barril giran en torno a los 100 dólares por barril, en el mes de febrero de 2013.

La sed mundial de petróleo se situará probablemente en realidad en torno a los 90,7 millones de barriles diarios, lo que significa sólo una reducción de unos 90.000 barriles al día de las cifras precedentes de la AIE.

 

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