En Chile, una megasequía de más de 15 años, sin precedentes, ha dejado al 72% del país con algún grado de déficit hídrico y 156 de sus 345 comunas en riesgo de desertificación. En Colombia, el 11 de abril de 2024 comenzó el primer racionamiento de agua de Bogotá en cuatro décadas: el sistema que provee el 70% del agua potable de la capital cayó al 16,32% de su capacidad, según la Alcaldía de Bogotá. En Brasil, ese mismo año, una sequía generalizada en la Amazonía llevó a sus ríos a mínimos históricos y la escasez de agua se extendió del norte al sur del país.
Esta es una paradoja para América Latina y el Caribe, que alberga cerca de un tercio del agua dulce del planeta y apenas el 8% de la población mundial. En teoría, dispone cuatro veces más agua por persona que el promedio global. Sin embargo, el mapa hídrico de la región está cambiando. Los glaciares que abastecen ciudades enteras se derriten, la Amazonía pierde superficie de agua y el estrés hídrico avanza hacia países que hasta hace poco no figuraban en ninguna lista de riesgo. En este artículo te contamos más sobre el nuevo mapa del agua en América Latina y las posibles soluciones a la escasez.
¿Qué voy a leer en este artículo?
El primer frente de esta crisis está en las alturas. Durante siglos, los glaciares en la cordillera de los Andes han sido las torres de agua de América del Sur. Acumulaban inmensas capas de nieve en la temporada húmeda y la liberaba lentamente en los meses más secos, abasteciendo de agua a millones de personas en Argentina, Chile, Perú, Bolivia y Colombia.
Pero ese ciclo se ha roto. Los glaciares andinos retroceden a un ritmo de 0,7 metros al año, lo que es un 35% más rápido que el promedio global, según el informe de política pública El futuro de las torres de agua andinas, elaborado por más de 30 científicos de las universidades de Newcastle y Sheffield.
El cambio climático está calentando el aire en los Andes, lo que reduce las nevadas, acelera el deshielo y prolonga los períodos secos. El impacto ya es tangible. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el calentamiento global ha generado la pérdida de entre el 30% y el 50% de la superficie de glaciares andinos desde los años ochenta. Este es uno de los retrocesos más pronunciados del planeta.
La seguridad hídrica y alimentaria de 90 millones de personas dependen de los glaciares andinos.
La seguridad hídrica y alimentaria de 90 millones de personas dependen de estas imponentes torres de agua. Sin embargo, las proyecciones no son tan optimistas. Hacia el año 2100, los mismos científicos calculan que, incluso en los mejores escenarios del cambio climático, entre el 30 y 98% del hielo de estos glaciares podría desaparecer.
La Amazonía, la mayor reserva de agua dulce del planeta, enfrenta su propia paradoja. Entre 2013 y 2022, la región perdió un millón de hectáreas de superficie de agua, es decir, el 4% de toda su cobertura acuática, según la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG). De los países analizados, Colombia tuvo la mayor pérdida con 224.000 hectáreas, seguido por Bolivia con 135.000, Perú con 73.000 y Venezuela 66.000.
En 2024, la Amazonía registró algunas de las peores temporadas secas de su historia reciente. En Brasil, varios ríos amazónicos llegaron a sus niveles mínimos históricos, paralizando el transporte, el acceso a alimentos y el abastecimiento de agua para comunidades que dependen del río para todo. En Colombia, el retroceso del río Amazonas dejó aisladas a comunidades indígenas.
Un estudio publicado en la revista Nature, liderado por la Universidad Federal de Santa Catarina, estima que entre el 10% y el 47% de la Amazonía podría alcanzar un punto de no retorno antes del año 2050. Superar ese umbral activaría una cascada de impactos difíciles de revertir, con efectos directos sobre los sistemas de agua en todo el contnente.
Durante 65 millones de años, los bosques amazónicos han sido relativamente resistentes a la variabilidad climática. Ahora, la región está cada vez más expuesta a un estrés sin precedentes.
“Durante 65 millones de años, los bosques amazónicos han sido relativamente resistentes a la variabilidad climática. Ahora, la región está cada vez más expuesta a un estrés sin precedentes”, advierte el estudio.
Pero hay un dato que cambia la escala del problema. Los bosques amazónicos aportan hasta el 50% de las precipitaciones en toda América del Sur. Si esos bosques colapsan, no solo pierde agua la Amazonía. La pierde el continente entero.
Según el Aqueduct 4.0 del World Resources Institute, la principal herramienta global para medir el estrés hídrico, Chile es hoy el único país de América Latina en nivel extremo y ocupa el puesto 16 en todo el mundo. México y Perú le siguen con niveles altos. Además, cerca del 15% del territorio latinoamericano y el 35% de su población se encuentran en zonas con estrés hídrico moderado a extremo, de acuerdo con la misma plataforma.
Las proyecciones apuntan a un escenario aún más desafiante. Para 2050, Chile seguirá encabezando el ránking regional con un estrés hídrico extremo, mientras que México y Perú mantendrán niveles altos. Sin embargo, hacia 2080, bajo las tendencias actuales, México y Chile figurarían entre los países con estrés hídrico extremo, mientras que Perú y El Salvador permanecerían en la categoría alta.
A esta presión se suma la demanda. El consumo de agua en América Latina podría aumentar alrededor de un 43% hacia 2050, por encima del promedio global, estimado entre un 20% y un 25%.
Frente a este nuevo mapa del agua, tecnologías como la desalación y la reutilización ganan protagonismo como alternativas capaces de reducir la dependencia de fuentes cada vez más vulnerables. En el ámbito de la desalación, la ósmosis inversa es una de las soluciones más maduras y eficientes para convertir agua de mar en agua dulce apta para el consumo humano o para uso industrial.
Chile, el país con mayor estrés hídrico de la región, concentra algunos de los proyectos más relevantes en este campo. La planta desaladora IDAM Copiapó, de ACCIONA, opera en pleno desierto de Atacama, el más árido del planeta, con una capacidad de 34.560 m³/día. El agua se capta del Océano Pacífico a 17 metros de profundidad y se trata mediante ósmosis inversa antes de destinarse al uso minero. La salmuera resultante se devuelve al mar a través de un sistema de difusores que evita concentraciones de sal perjudiciales para el ecosistema marino.América Latina sigue siendo una de las regiones con mayores recursos hídricos del planeta. Pero esa abundancia ya no garantiza seguridad. Los glaciares retroceden, la Amazonía pierde capacidad de regular el clima y el estrés hídrico avanza sobre territorios que durante décadas se consideraron seguros. Por ello, tenemos que poner el foco en aquellas soluciones innovadoras o incluso ancestrales que alivian el estrés hídrico en estos territorios.
Fuentes: