Esculpir soluciones para proteger el mar

El arte se convierte en herramienta ambiental: esculturas marinas y obras con residuos que protegen y denuncian la destrucción de mares y océanos.
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La escultura siempre ha sido una de las máximas expresiones del arte. Desde las obras clásicas de Grecia y Roma hasta las creaciones contemporáneas, estatuas, bustos, relieves y figuras han ocupado un lugar central en plazas, museos y templos. La escultura, entendida como intervención en el espacio, puede convertirse también en refugio y protesta. Hoy grandes instalaciones de esculturas sirven para proteger mares y océanos y nos invitan a imaginar otros mundos posibles. Algunos proyectos están demostrando que el arte, además de ser belleza, puede generar grandes transformaciones tanto en la gente como en el medio.

¿Qué voy a leer en este artículo?

  • Casa de Pesci: el arte como escudo
  • El jardín submarino de Jason deCaires Taylor
  • Washed Ashore: transformar residuos con conciencia

 

Casa dei Pesci: el arte como escudo

Según el Examen del estado de los recursos pesqueros marinos mundiales de 2025 de la FAO, el 64,5 % de todas las poblaciones de peces se explotan dentro de los límites de la sostenibilidad biológica y el 77,2 % de los desembarques mundiales proceden de poblaciones de peces biológicamente sostenibles. Sin embargo, el 35,5 % de las poblaciones están sobreexplotadas. Este informe también señala que el Mediterráneo sigue siendo una de las zonas más explotadas del mundo, a pesar de que los datos han mejorado en los últimos años. En concreto, en el Mediterráneo y el mar Negro, aunque la presión pesquera ha disminuido un 30 % y la biomasa ha aumentado un 15 % desde 2013, solo el 35,1 % de las poblaciones se captura de forma sostenible. 

El Mediterráneo sigue siendo una de las zonas más explotadas del mundo, a pesar de que los datos han mejorado en los últimos años.

 

Una de las prácticas más agresivas en esta región sigue siendo la pesca de arrastre, aunque se sigue avanzando en la regulación de este tipo de pesca para recuperar la sostenibilidad de los mares. En la Maremma Toscana, llevan tiempo trabajando para proteger la biodiversidad marina, y el arte está teniendo un lugar central en este proceso. Gracias a la colaboración entre la Región Toscana y Paolo Fanciulli, conocido como Paolo il Pescatore, en 2006 se inició un proyecto de protección de la costa en el que se utilizaron barreras de bloques de cemento para favorecer la repoblación de la fauna marina e impedir la pesca de arrastre. Esta iniciativa fue creciendo y, en 2012, se creó la asociación La Casa dei Pesci (La Casa de los Peces).

Su primer proyecto es un museo submarino único. Está compuesto por 29 esculturas de mármol de Carrara colocadas en el fondo marino de la localidad de Talamone y que son visibles para quienes practican snorkel. Además, se han situado 20 bloques de mármol, con grabados inspirados en los barrios históricos de la ciudad de Siena (Le Contrade di Siena), en los fondos marinos de la costa Alberese. Estos bloques y esculturas, sumergidos en el mar, no solo disuaden la pesca ilegal, sino que protegen la posidonia y crean refugios naturales para la fauna marina.

 

Estos bloques y esculturas, sumergidos en el mar, no solo disuaden la pesca ilegal, sino que protegen la posidonia y crean refugios naturales para la fauna marina.

 

Ahora, este proyecto también busca expandirse a otras zonas de la costa para sensibilizar sobre la importancia de los ecosistemas marinos y promover nuevas áreas de repoblamiento a través de la instalación de bloques diseñados específicamente para ese fin. Como explican desde la propia asociación, este proyecto «no solo defiende el fondo marino de la Maremma toscana, sino que además nos recuerda que la belleza puede convertirse en resistencia».

El jardín submarino de Jason deCaires Taylor

Jason deCaires Taylor, escultor británico y activista medioambiental, es conocido por crear impresionantes instalaciones submarinas que fusionan arte y ecología. Este artista, que cuenta con instalaciones en diferentes lugares del mundo, realizó un jardín submarino en las aguas protegidas del Área Marina Molinere Beauséjour, en la isla de Granada. Desde 2006, este jardín escultórico ha ido transformándose lentamente bajo el influjo del océano. Las obras, hechas de materiales duraderos como el hormigón y las barras de refuerzo, sirven como arrecifes artificiales que fomentan la colonización por parte de corales y otras especies marinas. Además de su valor ambiental, estas esculturas ofrecen un potente relato simbólico sobre la historia, la cultura y la identidad de Granada.

Las obras, hechas de materiales duraderos como el hormigón y las barras de refuerzo, sirven como arrecifes artificiales que fomentan la colonización por parte de corales y otras especies marinas.

 

Entre las piezas más emblemáticas se encuentra Vicisitudes, un círculo de figuras humanas de distintas edades que evocan la conexión entre la infancia, el entorno y el paso del tiempo, mientras que El corresponsal perdido sugiere una reflexión sobre la obsolescencia de la palabra escrita. En este proyecto también se incluye el Carnaval de coral, una instalación dirigida por Jason deCaires Taylor que cuenta con esculturas realizadas por artistas locales y que están inspiradas por personajes tradicionales del carnaval. También podemos ver uno de los proyectos más impactantes de Jason deCaires Taylor en el Museo Atlántico de Lanzarote. Este museo submarino alberga más de 300 esculturas a tamaño real, elaboradas con hormigón de pH neutro, diseñadas para fomentar la vida marina al convertirse en arrecifes artificiales. Estas obras, accesibles a practicantes de buceo y snorkel, evolucionan con el tiempo al integrarse en el ecosistema marino y atraer diversas especies. Además, estas obras, que combinan activismo ambiental y social, consiguen no dejarnos indiferentes. Entre las más emblemáticas, se encuentran La balsa de Lampedusa, Cruzando el Rubicón o El giroscopio humano, que denuncian la crisis migratoria, las fronteras impuestas por el ser humano o la desconexión con el medioambiente.

Washed Ashore: transformar residuos con conciencia

No todas las esculturas marinas están sumergidas bajo el agua. En las playas del Pacífico estadounidense, una organización aborda la contaminación desde una perspectiva distinta: la basura. Angela Haseltine Pozzi, artista estadounidense, fundó el proyecto Washed Ashore con el objetivo de concienciar sobre el impacto de los plásticos en océanos, mares y ríos. Gracias a la colaboración de voluntarios, recoge plásticos retirados de playas y mares para transformarlos en enormes esculturas de animales marinos: tortugas formadas con chanclas desechadas, ballenas construidas con botellas y redes abandonadas y pulpos compuestos por fragmentos de juguetes y envases.

El proyecto cuenta con el respaldo del Artula Institute for Arts and Education, una organización dedicada a promover la educación ambiental a través del arte. Con el paso del tiempo, Washed Ashore se ha convertido en el motor principal de esta iniciativa, con exposiciones itinerantes y la constante creación de nuevas piezas.

Esta propuesta logra convertir residuos en agentes de cambio. Más allá de limpiar playas, utiliza el arte como una poderosa herramienta de reflexión. Y lo hace con una estética que, pese a su belleza, nunca oculta su origen: el plástico está presente, visible, incómodo e imposible de ignorar. Angela Haseltine Pozzi afirma que continuará este trabajo mientras siga habiendo plásticos en las playas.

Estas y otras propuestas evidencian que el arte no solo inspira desde lo estético, sino que también puede despertar conciencia, promover el cuidado del medioambiente y fomentar la protección de nuestros mares y océanos.

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