La arquitectura resiliente de Japón

La innovación japonesa es mundialmente reconocida por el tren bala, los robots domésticos y los baños inteligentes. Pero tiene una arista que a menudo pasa inadvertida: su ingeniería sismorresistente. En un país con una elevada actividad sísmica, la arquitectura japonesa demuestra que construir edificios cada vez más resilientes es imprescindible, sobre todo en un contexto en el que las infraestructuras deben hacer frente tanto a fenómenos naturales, como los terremotos, como a eventos agravados por el cambio climático. 

La Tierra no para de sacudirse. En los últimos meses, los sismógrafos han registrado terremotos de gran magnitud en distintas zonas del mundo, algunos con consecuencias devastadoras, como el doblete sísmico de 7,2 y 7,5 de junio en Venezuela, el seísmo de 7,4 que sufrió Colombia el 10 de agosto o el de 7,7 que sacudió Indonesia tan solo cinco días después. La superficie terrestre está formada por diferentes placas tectónicas que se desplazan de manera constante, y hay países que concentran una mayor actividad sísmica debido a que se asientan sobre el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico. Entre ellos, se encuentra Japón.

 

Por supuesto, no todos los seísmos son iguales. No solo porque varía su magnitud, sino que su impacto también cambia de acuerdo con la profundidad, la duración, las características del suelo y la distancia a las ciudades densificadas. No es lo mismo un seísmo que ocurre a cientos de kilómetros de profundidad en el océano Pacífico que uno más superficial debajo de una capital densamente poblada. Y, como es obvio, también impacta la normativa de construcción de cada país, que acaba repercutiendo sobre la vulnerabilidad de sus estructuras.

 

Japón y las islas aledañas registran aproximadamente una décima parte de todos los terremotos de magnitud 5 o superior que ocurren en el globo. Su alta exposición a la actividad sísmica lo ha llevado a desarrollar un modelo propio, caracterizado por innovadoras estructuras reforzadas, sistemas de amortiguación y tecnologías de aislamiento. La arquitectura japonesa no intenta oponerse al movimiento del suelo: se adapta a él.

A pesar de que históricamente Japón ha tenido que sobrevivir al movimiento sísmico, el punto de inflexión surgió en 1981, cuando, tras el terremoto de Miyagi de 1978, el país introdujo en las normas de construcción el estándar de sismorresistencia conocido como shin-taishin. Este se caracteriza por que todo edificio que se construya debe poder resistir un seísmo de gran magnitud sin derrumbarse, priorizando salvar la vida humana. 

La arquitectura nipona no intenta oponerse al movimiento del suelo: se adapta a él.

Años después, con el devastador terremoto de Kobe de 1995, que costó la vida de más de 6.000 personas, Japón fue un poco más lejos y en 2000 actualizó la normativa haciendo obligatorias las pruebas de suelo y el uso de herrajes de sujeción resistentes para las estructuras de madera. A partir de entonces, el número de edificios con aislamiento sísmico creció de forma continua, con especial énfasis en las estructuras críticas como hospitales, aeropuertos y salas de emergencia.

 

El principio de la ingeniería nipona es que lo rígido no protege, lo flexible sí. De esta manera, la fórmula arquitectónica en Japón se basa en absorber, disipar y gestionar la energía del seísmo. Esto se logra en tres preceptos fundamentales. 

 

En primer lugar, se encuentra el refuerzo estructural clásico, que busca que la construcción no colapse sobre sí misma, independientemente de que se deforme un poco con el movimiento. En segundo lugar, está el aislamiento de base, que separa los cimientos del resto del edificio a través de grandes «cojines» de caucho pensados para absorber el movimiento del suelo antes de que este llegue a la estructura. Finalmente, los sistemas de control de vibraciones se basan en amortiguadores capaces de disipar la energía del terremoto una vez que este ha alcanzado el edificio. 

El principio de la ingeniería nipona es que lo rígido no protege, lo flexible sí.

Además, el uso de esqueletos de acero ha permitido a los ingenieros crear enormes contrapesos que desempeñan el rol de estabilizadores del edificio. Un ejemplo claro de este tipo de construcción aparece en el espectacular Tokyo Skytree, que, con 634 metros, es la estructura más alta del país y una de las más altas del mundo. Su sistema sismorresistente se inspira en las pagodas tradicionales de Japón, construcciones centenarias hechas en madera que han resistido al paso del tiempo (y de los movimientos tectónicos). 

Skytree se basa en Shinbashira Seishin (control de vibraciones del pilar central): una columna central de hormigón armado de 8 metros de diámetro, unida al resto de la torre en su parte inferior y conectada mediante amortiguadores de aceite en la superior.  Como su periodo de vibración es diferente al resto de la estructura exterior, ambos elementos oscilan a distinto ritmo, lo que permite reducir las vibraciones sísmicas.

 

El tren bala, los robots domésticos, los baños inteligentes… Cada poco tiempo, la innovación japonesa genera furor en redes sociales. Pero hay un área de innovación que a menudo pasa inadvertida (aunque eso no le quita lo extraordinario). La arquitectura sismorresistente desarrollada en Japón demuestra que la clave no siempre está en construir infraestructuras más rígidas, sino en diseñarlas teniendo en cuenta los riesgos y condiciones específicas de cada territorio, desde la actividad sísmica hasta inundaciones y fenómenos extremos agravados por el cambio climático. Porque todo se resume en una palabra clave: resiliencia.

Mariana Toro Nader es periodista, escritora y artista visual. Licenciada en Periodismo y Ciencia Política con énfasis en Relaciones Internacionales y Máster Creación Literaria, su trayectoria ha estado especializada en los ámbitos de la cultura, la literatura, la tecnología, la psicología y el pensamiento. Ha trabajado como editora y redactora en medios de comunicación internacionales como CNN en Español y National Geographic, y en diversas revistas de España y América Latina como Ethic, Jot Down, Generación, Soho, entre otras.