Hay lugares que flotan en el tiempo. Parecen suspendidos ante el paso de los siglos. Es el caso, por ejemplo, de los dólmenes, esas construcciones megalíticas que aguantan, estoicas, desde la prehistoria hasta hoy. Se trata de grandes losas de piedra, obra de la genialidad humana, en las que la arquitectura y el paisaje se entretejen en cultura. En patrimonio.
Pero este no es simplemente un conjunto de monumentos. Para la Unesco, el patrimonio es el legado cultural y natural que nos ha sido heredado del pasado y que luego es transmitido a las generaciones futuras. Es identidad, es sentido de pertenencia, es transmisión de conocimientos, valores y tradiciones de generación en generación. Ya sea en sitios arqueológicos, técnicas artesanales, tradiciones o paisajes, el patrimonio es memoria compartida. Por lo tanto, protegerlo significa salvaguardar también una parte de eso que podemos llamar nosotros.
El problema es que, actualmente, ese legado se enfrenta a diversos retos. La urbanización acelerada y el cambio climático están obligando a repensar la conservación patrimonial para que esos lugares, tradiciones y paisajes pervivan a lo largo de las décadas. Que logren persistir a las inclemencias del tiempo y puedan integrarse, de manera idónea, en las realidades del presente.
¿Qué voy a leer?
Acordemente conocida como la Ciudad de los Canales, la vida en Venecia ha estado marcada por el agua. La lluvia, las sequías y las inundaciones han estado presentes a lo largo de su historia. Pero hoy, con el aumento del nivel del mar y de los eventos meteorológicos extremos, la urbe italiana se encuentra en una posición aún más vulnerable.
Hace solo unos años, en 2019, Venecia vivió uno de los peores episodios de acqua alta, que provocó grandes daños en viviendas y edificios patrimoniales. La cosa es que, como ha alertado el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), el nivel del mar seguirá aumentando durante los próximos años. Por eso, las ciudades costeras, especialmente aquellas con patrimonio cultural invaluable, se llevarán la peor parte.
No obstante, el ingenio humano ya ha comenzado a demostrar que existen soluciones. Para hacerle frente a los fenómenos extremos, Venecia puso en marcha el sistema MOSE (siglas que en italiano se refieren a Modulo Sperimentale Elettromeccanico o «Módulo Experimental Electromecánico»). Con una inversión de más de 5.000 millones de euros, se trata de una colosal obra de ingeniería hidráulica –de las más grandes que se han desarrollado en el continente– en la que 78 compuertas móviles ubicadas en las entradas de la laguna se llenan de aire para evitar el paso del agua del mar Adriático.
El sistema se activa cuando los pronósticos indican que el nivel del mar superará los 110 centímetros, es decir, el punto crítico de inundación en la ciudad. Así, el aire comprimido que se inyecta en las compuertas hace que se hinchen y floten en forma de barrera. En el momento en que baja la marea, ese aire se libera y las compuertas permiten el paso de los barcos y el flujo natural de las aguas.
Con su tecnología revolucionaria, el MOSE ha logrado que, en los clásicos episodios de lluvias y mareas otoñales en los que el agua puede llegar hasta los 140 centímetros (se considera acqua alta a partir de los 80 centímetros), las zonas más bajas de Venecia no se inunden. Esto es fundamental a nivel patrimonial, puesto que entre esos lugares bajos se encuentra, precisamente, San Marcos, que con la Basílica, la plaza y el Palacio Ducal representa el corazón histórico (y turístico) de la ciudad.
Eso por el lado de la adaptación climática. Pero ¿qué pasa cuando la necesaria transición energética se encuentra de frente con el patrimonio? ¿Se puede superar la supuesta disyuntiva entre el legado arqueológico y paisajístico y el potencial solar y eólico? El complejo fotovoltaico Extremadura I, II y III en Almendralejo (Badajoz) demuestra que no solo es posible, sino que además puede ser beneficioso.
El complejo fotovoltaico Extremadura I, II y III, un proyecto de ACCIONA Energía que entró en servicio a comienzos de 2023, consiste en la instalación de tres plantas solares de última generación, capaces de transformar la luz del sol en energía limpia (el equivalente al consumo de más de 65.000 hogares). Aunque sus beneficios van mucho más allá.
Su construcción contribuyó a desvelar once yacimientos arqueológicos, entre ellos Cortijo Lobato, uno de los más singulares de los últimos años en España. Las prospecciones arqueológicas previas permitieron identificar rastros de épocas separadas por miles de años. En el complejo, huellas de la Edad del Cobre, la Edad del Bronce, la Edad del Hierro y el Bajo Imperio romano se solapan sorprendentemente, compartiendo, como un palimpsesto de historia, el mismo espacio.
Desde restos de pobladores del 2.800 a.C. hasta un puñal de hierro romano milenario, las excavaciones que permitió el complejo de Almendralejo están entregando al país un conocimiento patrimonial invaluable. Una muestra absoluta de que las energías renovables pueden ir de la mano con la investigación arqueológica y con la conservación de huellas humanas que han sobrevivido el paso de los siglos.
En suma, Venecia pone en evidencia que, hoy por hoy, el legado cultural debe ir de la mano de la adaptación climática. Por su lado, el complejo de Almendralejo demuestra que la necesaria transición energética no va en contra de la conservación arqueológica, todo lo contrario. Así, tanto el sistema MOSE como el complejo fotovoltaico Extremadura I, II y III se alzan como ejemplos de que, más allá de las innovaciones tecnológicas, la ingeniería puede ponerse al servicio del patrimonio. Preservar cultura. Cuidar el nosotros.
Mariana Toro Nader es periodista, escritora y artista visual. Licenciada en Periodismo y Ciencia Política con énfasis en Relaciones Internacionales y Máster Creación Literaria, su trayectoria ha estado especializada en los ámbitos de la cultura, la literatura, la tecnología, la psicología y el pensamiento. Ha trabajado como editora y redactora en medios de comunicación internacionales como CNN en Español y National Geographic, y en diversas revistas de España y América Latina como Ethic, Jot Down, Generación, Soho, entre otras.