¿Puede el desierto ser algo más que un lugar donde instalar paneles solares? ¿Es posible que esas grandes extensiones de arena se conviertan en espacios para producir agua, alimentos y nuevos espacios de vegetación? De Atacama a Argelia, distintos proyectos exploran cómo aprovechar las condiciones extremas para desarrollar nuevas formas de producir y almacenar energía. Pero la expansión solar también plantea retos ambientales y técnicos, donde el principal desafío se encuentra en diseñar proyectos capaces de generar energía sin ignorar los ecosistemas y las características del territorio.
¿Qué voy a leer?
Hay lugares en los que parece que el sol no deja demasiadas opciones. En el desierto, durante buena parte del día, la radiación solar cae sobre superficies en las que apenas crecen plantas y donde el agua constituye uno de los recursos más escasos. Precisamente por eso, algunas de estas regiones se han convertido en escenarios privilegiados para imaginar qué podría ocurrir si esa abundancia de energía se combina con otras tecnologías.
El Sahara Forest Project parte de una idea que va más allá de producir electricidad. Su propuesta combina energía solar, agua de mar, invernaderos y técnicas de cultivo para crear un sistema en el que unos recursos ayudan a generar otros. El agua salada puede utilizarse para refrigerar los invernaderos y, posteriormente, obtener agua dulce; la energía solar alimenta el sistema y determinadas plantas pueden contribuir a recuperar superficies degradadas. Ya no se trata únicamente de cuánto puede producir un panel solar colocado bajo un sol intenso, sino de qué otras cosas puede hacer posible esa energía.
El planteamiento es, básicamente, utilizar las características del desierto para producir la energía necesaria para aprovechar el propio desierto.
Algo parecido ocurre, aunque desde una perspectiva mucho más experimental, con un proyecto de investigación desarrollado en Argelia por la Universidad de Tokio y otras instituciones japonesas. El objetivo era estudiar cómo aprovechar la sílice presente en la arena del Sahara para producir silicio y utilizarlo en la fabricación de células solares. La arena, que normalmente asociamos con uno de los principales obstáculos para el mantenimiento de los paneles, aparece así también como una posible materia prima. El planteamiento es, básicamente, utilizar las características del desierto para producir la energía necesaria para aprovechar el propio desierto.
El desierto de Atacama ofrece otro escenario para explorar ese potencial. Sus condiciones extremas –altos niveles de radiación, escasas precipitaciones y grandes extensiones de terreno– lo han convertido en uno de los lugares más atractivos del mundo para la generación fotovoltaica. Pero también en un entorno exigente en el que las tecnologías tienen que enfrentarse a problemas que no siempre aparecen con la misma intensidad en otros lugares.
En la planta de El Romero, en Chile, ACCIONA Energía ha convertido parte de esa dificultad en una oportunidad de investigación. Allí ha probado diferentes tecnologías fotovoltaicas, desde paneles bifaciales hasta módulos de célula partida y de película fina, además de distintos sistemas de seguimiento solar y soluciones de limpieza y mantenimiento. La planta funciona no solo como una instalación de generación eléctrica, sino también como un laboratorio a escala real donde es posible comprobar cómo se comportan distintas tecnologías cuando tienen que trabajar bajo condiciones especialmente exigentes.
La planta funciona no solo como una instalación de generación eléctrica, sino también como un laboratorio a escala real donde es posible comprobar cómo se comportan distintas tecnologías cuando tienen que trabajar bajo condiciones especialmente exigentes.
Ese carácter experimental se extiende a la medición. ACCIONA y la Universidad Politécnica de Madrid realizaron en El Romero ensayos para caracterizar grandes generadores fotovoltaicos, un trabajo que permitió alcanzar un récord mundial de caracterización de este tipo de instalaciones.
Además, hay otro elemento que empieza a ser inseparable del futuro de la energía solar: ¿qué hacer cuando deja de haber sol? El almacenamiento permite desplazar en el tiempo parte de la energía producida durante las horas de mayor radiación. La compañía está construyendo en El Romero una batería de 196 MW y 980 MWh, mientras desarrolla también almacenamiento a gran escala en otras instalaciones chilenas. El objetivo no consiste únicamente en producir más electricidad, sino en conseguir que una fuente cuya producción depende de las horas de sol pueda integrarse de manera más flexible en el sistema eléctrico.
Pero hay una precaución importante detrás de todas estas posibilidades. Un desierto no es un espacio vacío. Aunque a simple vista pueda parecerlo, los territorios áridos albergan ecosistemas, especies y procesos naturales que pueden verse alterados por grandes infraestructuras. La expansión de la energía solar puede reducir emisiones y evitar la ocupación de terrenos agrícolas o urbanos, pero eso no significa que cualquier localización o cualquier diseño produzcan automáticamente el mismo resultado ambiental.
Investigaciones sobre grandes instalaciones solares han documentado efectos sobre la vegetación y los servicios ecosistémicos de determinadas zonas desérticas. Al mismo tiempo, análisis recientes de organismos como IRENA y la UICN apuntan a que una adecuada planificación puede reducir impactos, y en determinados casos, favorecer incluso la restauración de terrenos degradados.
La propia naturaleza del desierto plantea además problemas técnicos. El polvo y la acumulación de partículas sobre los paneles pueden reducir su rendimiento y obligan a desarrollar sistemas específicos de limpieza y mantenimiento. Allí donde el agua es escasa, hacerlo de manera eficiente se convierte en un desafío adicional. Por eso, el verdadero potencial de estos territorios no debería medirse únicamente por la cantidad de electricidad que pueden generar, sino también por la capacidad de integrar esa generación con almacenamiento, gestión del agua, investigación, mantenimiento y protección del entorno.
Oliver Tapia es un periodista mexicano con base en Barcelona especializado en geopolítica y asuntos internacionales. Durante su carrera ha sido director digital de National Geographic España y editor en CNN en Español. Actualmente colabora como articulista en la revista Ethic, donde escribe sobre medio ambiente, inteligencia artificial y otros grandes temas de nuestros días.