Refugios climáticos: ¿son una solución para ciudades cada vez más calientes?

Las ciudades despliegan espacios para resguardarse para enfrentar olas de calor más extremas. Pero su efectividad depende de su accesibilidad y alcance, sobre todo, para las personas más vulnerables.

Más de 62.000 personas murieron por el calor en Europa en un solo verano en 2024, según un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona. Desde entonces, las olas de calor no han hecho más que intensificarse. Cada vez son más frecuentes, duran más y se sienten con mayor fuerza también en América Latina, una de las regiones más urbanizadas del mundo, con cerca del 82% de los residentes en ciudades en 2025, de acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo.

 

El calor extremo se ha instalado como parte de la nueva normalidad urbana. El concreto, el tráfico y la escasez de áreas verdes convierten barrios enteros en islas de calor en las ciudades, donde la temperatura puede ser varios grados más elevada que en su entorno inmediato, incluso durante la noche.

 

Pero el calor no afecta a todos por igual. Depende, entre otras cosas, del acceso a espacios donde resguardarse. En distintas ciudades del mundo, de Barcelona hasta Buenos Aires y Santiago, empiezan a desplegarse redes de refugios climáticos: espacios que ofrecen alivio frente al calor y, en algunos casos, también frente al frío.

 

¿Qué voy a leer en este artículo?

Un refugio climático es un espacio, abierto o cerrado, que ofrece unas condiciones de confort térmico para protegerse del calor extremo y otros eventos climáticos. Pueden ser espacios abiertos, como parques, jardines, paradas de autobuses y plazas, o cerrados, como museos, escuelas y edificios públicos. En algunos casos incluyen infraestructuras adaptadas específicamente, tales como marquesinas refrigerantes y techos verdes en paradas de autobuses.

Un refugio climático es un espacio, abierto o cerrado, que ofrece unas condiciones de confort térmico para protegerse del calor extremo y otros eventos climáticos.

En España existen 2.122 refugios climáticos, lo que supone uno por cada 23.000 habitantes, según un inventario reciente. Catalunya concentra la red más extensa del país con 1.707 de estos espacios, de los cuales 366 se sitúan en Barcelona. Desde 2020, la capital catalana ha liderado el despliegue de esta red con más de 400 refugios climáticos en verano y cerca de 300 en invierno, de acuerdo con datos del Ayuntamiento.

 

Tras Catalunya, le sigue el País Vasco con 245 refugios climáticos, mientras que otras comunidades como Murcia, Aragón y Madrid cuentan con redes más reducidas. En varias zonas del norte peninsular, donde el calor extremo ha sido históricamente menos frecuente, su presencia sigue siendo limitada.

Según una investigación, liderada por la Misión Biológica de Galicia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, “los refugios climáticos se están convirtiendo en componentes críticos de las estrategias de adaptación urbana”. Su efectividad, sin embargo, depende de mucho más.

 

“Nuestro país ha desarrollado una de las redes de refugios climáticos más avanzadas del mundo, con principios extrapolables a distintas regiones y contextos”, explican los autores de la investigación. “Esta experiencia ha demostrado que los refugios climáticos pueden ser una poderosa herramienta para reducir la exposición térmica, pero solo si se consolidan como servicios estables, accesibles y diseñados para cubrir necesidades reales, no como medidas puntuales".

 

Desde el año pasado, España trabaja en la creación de una red nacional de refugios climáticos. En el país, los refugios incluyen espacios adaptados en centros cívicos, piscinas, bibliotecas, parroquias, espacios comunitarios y, en algunos casos, pequeños comercios.

Los refugios climáticos pueden ser una poderosa herramienta para reducir la exposición térmica, pero solo si se consolidan como servicios estables, accesibles y diseñados para cubrir necesidades reales, no como medidas puntuales.

También se está innovando. En Sevilla, por ejemplo, se han diseñado marquesinas refrigeradas capaces de reducir la temperatura mediante sistemas que combinan almacenamiento de agua, circulación de aire fresco y energía solar. Esta tecnología permite mantener una sensación térmica al interior de entre 20º y 24º C, aunque en el exterior se superen los 40º C.

 

Una solución similar también se está implementando en Madrid mediante un sistema de enfriamiento por evaporación y ventilación en las paradas de autobús que permite reducir la temperatura hasta 9 grados.

 

Sin embargo, un informe de Greenpeace que analizó los refugios de 16 ciudades españolas encontró limitaciones como horarios de apertura restringidos, áreas de descanso insuficientes y el hecho de que no todos los refugios son de acceso gratuito. A esto se suman la dificultad de supervisar la eficacia y la relación costo-beneficio de las iniciativas, así como la comunicación adecuada de la existencia de los refugios.

Buenos Aires cuenta con más de 250 refugios climáticos distribuidos en museos, bibliotecas, centros comunitarios y espacios verdes. Estos espacios, gratuitos y accesibles, ofrecen alivio térmico, agua potable y, en muchos casos, aire acondicionado.

 

En esta ciudad, los refugios climáticos no se limitan a espacios construidos. También son territorios donde la naturaleza ha vuelto a abrirse paso. Las reservas ecológicas costeras, formadas en terrenos ganados al Río de la Plata, funcionan como pulmones verdes en medio de la ciudad. Allí, la vegetación y la cercanía al agua permiten reducir la temperatura y ofrecer un respiro frente al calor urbano.

 

La Reserva Ecológica Costanera Sur, por ejemplo, se ha convertido en uno de los puntos más biodiversos de la ciudad con cientos de especies de aves, reptiles, peces y mamíferos en un entorno que, además de su valor ecológico, cumple una función clave frente al aumento de las temperaturas.

 

Pero su alcance es limitado. En la capital, estas reservas son pocas, están aisladas entre sí y no siempre son accesibles para toda la población.

A inicios de 2024, en medio de una ola de calor, la capital de Chile lanzó su Red de Refugios Climáticos, que sigue el ejemplo de iniciativas similares en ciudades como Barcelona y Buenos Aires.

 

Así surgió la Red Refréscate, un circuito de refugios climáticos urbanos y puntos de hidratación para personas y mascotas. Según la Municipalidad de Santiago, la iniciativa contempla la habilitación inicial de 20 puntos distribuidos en la comuna, los que funcionarán entre las 10:00 y las 18:00 horas, coincidiendo con los períodos de mayor radiación solar, y permitirán recargar botellas de agua, además de ofrecer sombra y espacios de descanso. 

Más allá de su despliegue, importa dónde se ubican, quiénes pueden acceder a ellos y si llegan realmente a las personas más vulnerables.

Un estudio reciente de Corporación Ciudades identificó 77 “zonas frías” en la capital chilena. Estas pueden reducir hasta 5,5 °C la temperatura en las 12 comunas más afectadas por el calor, con un alto potencial para funcionar como refugios climáticos urbanos. Entre los espacios con mayor efecto refrigerante destacan el Parque Santiago Amengual en la capital que logró disminuir hasta 5,5 °C la temperatura superficial respecto del promedio comunal.

 

Los refugios climáticos ofrecen una respuesta frente a un problema inmediato. Pero también evidencian algo más profundo. Ni las ciudades ni las personas están igualmente preparadas para enfrentar el calor cada vez más extremo. Más allá de su despliegue, importa dónde se ubican, quiénes pueden acceder a ellos y si llegan, realmente, a las personas más vulnerables en una ola de calor.

 

Fuentes:

Periodista peruana. Tiene una maestría en Periodismo Internacional de la Universitat Pompeu Fabra (España) y ha sido reconocida, entre otros, con el Premio al Mejor Proyecto de Género de la Barcelona School of Management y con becas de Earth Journalism Network. Escribe en El País y Dialogue Earth sobre cambio climático, conservación y pueblos indígenas de América Latina desde un enfoque en las soluciones. Sus historias también se leen en Periodistas por el planetaFrance 24Agencia EFEClimate Tracker, entre otros. Ha trabajado en comunicaciones y storytelling para organizaciones internacionales como Naciones Unidas y ha sido parte del equipo editorial de la Iniciativa de Migraciones Climáticas.