Los trenes nos comunican, unen ciudades, atraviesan montañas, cruzan ríos y abren caminos, pero también conectan espacios naturales. Esas mismas líneas que hace dos siglos nos trajeron el progreso se están transformando hoy en reverdecidos corredores ecológicos ferroviarios, en vías de conexión natural. Porque, además de facilitar nuestro instinto sapiens de especie viajera, igualmente pueden ayudar a que la naturaleza siga moviéndose en la buena dirección, la de mejorar el paisaje, nuestro entorno más feliz y saludable.
Pensamos que una vía ferroviaria abre cicatrices en los ecosistemas, olvidando que a su alrededor también la abrazan taludes, cantiles, márgenes, árboles, arbustos, praderas y entornos naturales. En un territorio donde conviven infraestructuras, cultivos y urbanizaciones, algunos de estos espacios lineales de acceso restringido pueden convertirse en pequeños refugios de biodiversidad, estrechos puentes de enlace entre hábitats separados. Aunque si no cuentan con un diseño cuidadoso pueden convertirse en justo lo contrario, en una barrera para la fauna, provocar atropellos o favorecer la expansión de especies invasoras. La buena noticia es que cada vez lo hacemos mejor.
Descubre en este artículo algunos de los proyectos más innovadores que están transformando la manera de diseñar y gestionar las nuevas infraestructuras ferroviarias, desde la restauración de vegetación autóctona y la creación de hábitats para polinizadores hasta pasos para fauna y soluciones destinadas a recuperar la continuidad de ríos y humedales. Porque los caminos de hierro también pueden convertirse en caminos para la naturaleza.
Este artículo aborda los siguientes temas:
- Un refugio mientras crece el bosque
- Reino Unido: gestionar 52.000 hectáreas
- Polonia e Italia: convertir los márgenes en “Buzz Lines”
- Los corredores ecológicos ferroviarios de Singapur y España
- Estados Unidos y Canadá: cuando el tren deja paso a los animales
- Brasil y el Sudeste Asiático: estudiar bien los trazados
Una de las experiencias más llamativas de esta nueva “ecología ferroviaria” (o railway ecology) que se está desarrollando con el objetivo de reducir impactos y mantener la conectividad ecológica se localiza en Australia, en la mejora de la línea de Shepparton, en el estado de Victoria. Allí, una actuación aparentemente sencilla promovida por ACCIONA, restaurar terrenos utilizados durante las obras, se ha resuelto con un objetivo ambientalmente mucho más ambicioso, recuperar la vegetación autóctona plantando más de medio millar de árboles.
Con ello se refuerza la conexión entre fragmentos de uno de los ecosistemas más amenazados de la isla-continente, los Victorian Riverina Plains Grassy Woodlands, una comunidad vegetal autóctona que ha perdido el 97 % de su extensión natural desde la llegada de los colonizadores europeos.
La base de toda restauración ecológica se sustenta en la gestión del tiempo, muy diferente con la medida que hacemos del nuestro. Por eso plantar un árbol hoy no asegura automáticamente contar mañana con un ejemplar robusto capaz de secuestrar carbono, ofrecer sombra, alimento, lugares de nidificación o refugio. Primero tiene que enraizar, superar sequías y enfermedades, sobrevivir, crecer sano y fuerte. Un plantón puede tardar varias décadas en convertirse en parte de un hábitat estructuralmente complejo, una compleja comunidad integrada por plantas, animales, hongos y hasta microbios donde la biodiversidad del suelo es igual o más importante que la aérea.
Los ReHabitat Plant Pods son curiosas estructuras biodegradables alrededor de los nuevos árboles y arbustos con la función de protegerlos en los primeros años.
Por esta razón, en la línea ferroviaria de Shepparton se ha apostado por los ReHabitat Plant Pods, desarrollados por la ecóloga australiana Alex Carthey. Son curiosas estructuras biodegradables alrededor de los nuevos árboles y arbustos con la función de protegerlos en los primeros años frente a las duras condiciones ambientales y el impacto de los herbívoros. Su diseño incorpora un espacio provisional alrededor del plantón que mantiene la humedad, incluyendo pequeños orificios de entrada y salida para permitir que sean utilizados como refugio de reptiles, invertebrados y pequeños mamíferos. A medida que la vegetación crece, los pods se biodegradan, integrándose en el suelo, mientras las plantas pasan a ocupar esas funciones protectoras.
Network Rail, la empresa pública que gestiona la infraestructura ferroviaria de Gran Bretaña, se vanagloria de contar con un patrimonio territorial de unas 52.000 hectáreas que, asegura, funciona en parte como un “green corridor”, un corredor verde que acoge valiosa biodiversidad y conecta hábitats fragmentados.
El Reino Unido avanza hacia un modelo donde ciertos grandes proyectos de infraestructura deben demostrar una ganancia neta de biodiversidad.
Para su manejo cuentan con una estrategia específica que incluye la conservación y gestión de praderas, árboles, arbustos y otros hábitats alrededor de las vías, teniendo en cuenta al mismo tiempo las exigencias de seguridad de una infraestructura ferroviaria activa. El planteamiento británico pretende incorporar la flora y la fauna a la gestión ordinaria de la red, en lugar de limitarla a actuaciones puntuales de compensación.
El Reino Unido también está avanzando hacia un modelo donde determinados nuevos grandes proyectos de infraestructura deben demostrar siempre una ganancia neta de biodiversidad. Ya no se analiza tan sólo cuánto territorio transforma una obra y cómo compensarlo, sino qué balance ecológico positivo queda tras su ejecución.
Desde hace años, diferentes investigaciones analizan de qué manera los terrenos ferroviarios pueden desempeñar importantes funciones ecológicas que hasta la fecha habían pasado desapercibidas.
Uno de los ejemplos más conocidos procede de Polonia. Un estudio pionero dirigido por Dawid Moroń, de la Polish Academy of Sciences, comparó la riqueza de insectos de los terraplenes ferroviarios cercanos a Cracovia con la de los pastizales de espacios ganaderos tradicionales y encontró una mayor riqueza y abundancia de abejas y mariposas en los primeros. Los autores concluyeron que una gestión cuidadosa de las líneas férreas que mantenga vegetación herbácea diversa y evite la invasión por arbustos densos puede maximizar ese potencial, convirtiendo a esas infraestructuras lineales en elementos clave para conciliar desarrollo y conservación de la biodiversidad.
Basados en estos estudios, el proyecto europeo LIFE PolliNetWork, respaldado por el Instituto Superior para la Protección y la Investigación Ambiental de Italia (ISPRA), pretende crear una red de hábitats y corredores para abejas, mariposas y sírfidos. Entre las zonas más interesantes para su desarrollo se incluyen los márgenes de carreteras y ferrocarriles.
La iniciativa los denomina Buzz Lines, literalmente líneas de zumbidos, corredores ecológicos ferroviarios para polinizadores que faciliten la presencia de insectos; espacios floridos donde puedan alimentarse, reproducirse y desplazarse entre diferentes áreas favorables.
En Singapur encontramos un caso diferente. El antiguo corredor ferroviario que conectaba la ciudad con la península malaya dejó de utilizarse como ferrocarril y, posteriormente, se convirtió en un espacio lineal de uso público y conservación.
Hoy el Rail Corridor es un corredor verde urbano de unos 24 kilómetros que conecta diferentes espacios verdes y forestales de la gran ciudad. La administración de parques de Singapur señala que en él se han plantado más de 37.000 árboles y arbustos desde 2018 para extender los hábitats y favorecer el movimiento de fauna, lo que mitiga la fragmentación de hábitats. El corredor incluye bosques, praderas, humedales y manglares.
En España, una red mucho más extensa de antiguos trazados ferroviarios se ha convertido en una exitosa infraestructura para la movilidad activa, la naturaleza y el turismo rural. Desde 1993, el Programa Vías Verdes ha transformado esos desmantelados caminos de hierro en itinerarios no motorizados que atraviesan paisajes rurales, espacios naturales y pequeñas localidades. Hoy supera los 3.500 km distribuidos en 140 rutas acondicionadas para caminar, pedalear y descubrir el territorio a un ritmo tranquilo.
Líneas que antes servían para transportar mercancías y viajeros, permiten ahora conectar paisajes, pueblos y espacios naturales.
Muchas de estas vías atraviesan zonas de gran interés natural y paisajístico, permitiendo recorrerlas sin tráfico motorizado, aprovechando además elementos de la antigua infraestructura ferroviaria, como túneles, viaductos, estaciones y trincheras. La Fundación de los Ferrocarriles Españoles destaca su contribución al desarrollo de los pueblos y comarcas rurales, al favorecer actividades turísticas sostenibles, servicios, empleo local y nuevas oportunidades económicas en territorios afectados en algunos casos por la despoblación.
Líneas que antes servían para transportar mercancías y viajeros, permiten ahora conectar paisajes, pueblos y espacios naturales. Algunas antiguas estaciones han sido rehabilitadas para acoger alojamientos, restaurantes, alquiler de bicicletas, oficinas de turismo o pequeños equipamientos culturales, de modo que el trazado ferroviario se convierte también en un eje de actividad para el territorio que atraviesa.
Pero más allá del interés turístico está el potencial natural. El propio Ministerio para la Transición Ecológica incluye los antiguos ferrocarriles en desuso reconvertidos en vías verdes entre los elementos del paisaje que desempeñan una importante función de corredores ecológicos, pues facilitan el desplazamiento seguro de las especies entre hábitats, sin peligro de atropellos, contribuyendo a mantener la conectividad del territorio. Su carácter lineal y, en muchos casos, la presencia de vegetación en sus márgenes, así como la existencia de numerosos puentes y pasos elevados, ofrecen refugio y continuidad a un gran número de animales, especialmente grandes mamíferos como ciervos e incluso lobos.
No siempre se trata de crear o mejorar hábitats. En muchos casos, el principal objetivo de la restauración ambiental relacionada con el tren es conseguir que los animales puedan cruzar sin problema unas vías que algunas veces se han convertido en barreras infranqueables.
En Estados Unidos, una infraestructura ferroviaria a lo largo del ferrocarril Shelton-Bangor-Bremerton, que originalmente fragmentaba el hábitat, fue rediseñada para recuperar la conectividad de los ecosistemas acuáticos. En este caso se construyó un nuevo túnel de 275 pies (unos 84 metros) para sustituir una alcantarilla que impedía el paso a los peces. La actuación, que permitió realizar las obras sin interrumpir la explotación ferroviaria, recuperó así un hábitat importante para la cría de salmones y truchas.
Es una forma distinta de entender la conectividad: el ferrocarril no tiene por qué desaparecer para que un río vuelva a estar conectado. Basta con modificar correctamente el punto donde ambas infraestructuras se encuentran.
Otro proyecto interesante lo encontramos en Canadá. Allí, los satélites están ayudado a modificar el entorno ferroviario y lograr una movilidad más segura para los osos grizzly. Utilizando los datos de seguimiento por GPS de estos grandes plantígrados, Parks Canada identificó varios puntos negros de riesgo en la línea ferroviaria que pasa por el Parque Nacional Banff, en las Montañas Rocosas. Tras ello, se mejoraron senderos existentes en el bosque como alternativa segura al trazado ferroviario y eliminaron elementos que podían atraer a los animales hacia las vías, evitando así los atropellos, incidentes que igualmente ponían en peligro a los viajeros del tren.
En lugar de aplicar exactamente la misma solución a todos los kilómetros de una línea, es necesario identificar antes los puntos estratégicos para la biodiversidad.
Pero el riesgo cero no existe. La propia Parks Canada reconoce que impedir las colisiones entre trenes y osos es muy complicado y no existe una única solución. Por eso combina investigación, modificación del hábitat, rutas alternativas, gestión de la vegetación y pruebas de sistemas de exclusión. Y es que una política de biodiversidad ferroviaria no puede centrarse tan solo en convertir todos los márgenes en zonas atractivas para la fauna.
En lugar de aplicar exactamente la misma solución a todos los kilómetros de una línea, es necesario identificar antes los puntos estratégicos para la biodiversidad y concentrar allí las actuaciones. Unos kilómetros pueden necesitar un paso de fauna. Otros, restaurar un humedal. Otros, recuperar la vegetación autóctona. En determinadas zonas habrá que controlar especies invasoras y en otras será preferible mantener una vegetación baja que no atraiga a grandes animales hacia las vías.
Una investigación cuantificó el impacto potencial de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) china sobre la biodiversidad terrestre en el sudeste asiático, un megaproyecto de infraestructuras y cooperación económica lanzado por China en 2013 para conectar Asia, Europa, África y otras regiones mediante corredores terrestres y marítimos. El estudio advierte de que esas infraestructuras atraviesan áreas de alto valor ecológico y que, sin salvaguardas ambientales estrictas, podrían generar pérdidas significativas de hábitat y de especies. En este caso, la planificación del trazado, la identificación de corredores y la ubicación de pasos de fauna son más decisivas que cualquier actuación posterior de revegetación.
César Javier Palacios es periodista ambiental, geógrafo, naturalista y doctor en Historia del Arte. Tras una larga carrera profesional como redactor jefe en Diario 16 Burgos, más tarde en el diario Claro, pasó a colaborar con El País y El País Semanal hasta que se fue a vivir a Fuerteventura, donde fue redactor del periódico Canarias7 y la Agencia EFE. Ha trabajado para la Estación Biológica de Doñana (CSIC), SEO/BirdLife, Global Nature, Cabildo de Fuerteventura, los parques nacionales de Garajonay y Timanfaya y las Reservas de la Biosfera de Lanzarote, La Gomera y La Palma. También ha sido director de Comunicación de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente y de FSC España. Presenta en La2 de TVE el programa de naturaleza y cocina El Señor de los Bosques. Columnista en el diario 20 Minutos y bloguero de La Crónica Verde, colabora con RNE, Radio5 y en el verano de 2024 estrenó programa propio en Radio Clásica, "Músicas a vuelapluma". Puedes leer más acerca de él en su página de Wikipedia.