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Cómo combatir el sobreturismo

Ciudades como Barcelona, Venecia y Berlín han desarrollado medidas para frenar los impactos negativos del sobreturismo y garantizar un turismo sostenible y responsable

Cómo combatir el sobreturismo

Es una imagen que cada vez se repite con más frecuencia: decenas, centenares e incluso miles de personas apelotonadas delante de una estatua, un edificio, un puente, un cuadro o un paisaje natural. La localización puede variar: desde Barcelona a Hong Kong pasando por Ámsterdam, Venecia, París o Reikiavik, pero hay algo que se mantiene constante: la saturación de turistas en un espacio determinado en el que además viven, o lo intentan, vecinos locales, con el consiguiente perjuicio para su calidad de vida y el deterioro del entorno.

Esto es lo que a grandes rasgos se conoce como sobreturismo: el fenómeno de la masificación turística que se da en ciertos lugares cuando a causa de su popularidad terminan tan saturados de visitantes que resulta imposible disfrutarlos, cuidarlos y gestionarlos sosteniblemente.

Si bien el sobreturismo no es un problema reciente –en la década de los 70 y 80 ya existían estudios que alertaban de ello- sí que es ahora cuando se están empezando a plantear medidas reales que puedan aliviar la carga de visitantes que sufren algunos destinos vacacionales para garantizar un turismo sostenible. Estas medidas no están enfocadas a desincentivar el turismo, sino a optimizar su gestión de una manera sostenible para beneficiar al visitante, al residente y al entorno.

 

Turismo sostenible vs. sobreturismo

Entendemos el turismo sostenible como aquel que supone un impulso socioeconómico para la zona sin impactar negativamente en el medio ambiente y el entorno urbano. Entre los beneficios de este tipo de turismo destacan la ayuda a la reducción la pobreza, la recuperación de zonas rurales o deprimidas, la potenciación de mercados y productos autóctonos, la mejora de infraestructuras o el cuidado del patrimonio. Además, ayuda al enriquecimiento cultural y personal de los visitantes, que conocen de primera mano culturas y sociedades diferentes a las suyas.

Frente a los beneficios del turismo sostenible, el sobreturismo que se da actualmente en algunas zonas acarrea multitud de aspectos negativos. Uno de los más evidentes es el deterioro del medio ambiente, con frecuencia reservas de la biosfera, parques naturales o similares. También puede crear conflictos con la sociedad local, que en ocasiones no puede desarrollar su actividad laboral o de ocio con normalidad a causa de la saturación de personas en su zona. En determinados lugares está provocando inflación de precios: en viviendas, alquileres, productos, bienes y servicios... Y puede degradar la cultura local, haciéndola permeable a injerencias externas.

Sobreturismo: una amenaza para muchos destinos vacacionales

 

Medidas contra el sobreturismo

Cómo combatir el sobreturismo

Ciudades amenazadas por el sobreturismo como Barcelona, Venecia, Berlín, Ámsterdam o Brujas ya han movido ficha para gestionar mejor a sus visitantes y el impacto medioambiental del turismo.

En caso de Barcelona, el Ayuntamiento ha prohibido la construcción de nuevos hoteles en el centro y ha habilitado una línea de autobuses turísticos a las playas, a la vez que ha puesto el foco sobre los pisos de alquiler no regulados, sancionando y cerrando muchos de ellos.

En Venecia, una ciudad que desde 1950 ha perdido 100.000 habitantes y recibe 20 millones de habitantes al año, se han habilitado controles de acceso para desincentivar la visita de turistas al centro cuando este esté lleno. Además, los famosos barcos vaporetto que recorren los canales darán preferencia de uso a los residentes.

En Ámsterdam han centrado sus esfuerzos en los pisos de alquiler, limitando el tiempo de estancia y prohibiendo la construcción de nuevos hoteles desde 2005. Por otro lado, para evitar las aglomeraciones en la vía pública, cada guía turístico puede atender a la vez a 20 personas en lugar de las 60 que podían atender hasta ahora.

Brujas, por su parte, es un ejemplo de convivencia armoniosa tras implantar una serie de medidas de turismo sostenible. No está permitido hacer fiestas en la calle y los autobuses turísticos no pueden acceder al centro de la ciudad, donde también está limitado el uso de patinetes y taxis turísticos para permitir que sus 100.000 habitantes no se vean incomodados por los ocho millones de visitantes anuales.

Berlín también está sufriendo los estragos de la masificación del sobreturismo y el popular barrio de Kreuzberg ha prohibido arrastrar maletas con ruedas para que el traqueteo no moleste a los vecinos, a la vez que ha limitado el número de alquileres de pisos privados bajo fuertes sanciones económicas.

 

Fuentes: Responsible Travel, Responsible Tourism Partnership, The Telegaph, nuevatribuna.es, Biospheretourism, Entorno Turístico y Cerodosbe.

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