Comprar con el corazón… pero con la cabeza puesta en el planeta

A través de nuestras decisiones podemos cuidar el medio ambiente y mitigar los efectos del cambio climático. ¿Te sumas al consumo responsable?
Wind energy on Global Wind Day

 

La temperatura sube, todo se vuelve más intenso y, a veces, cuesta hasta respirar… No hablamos de amor. Se trata del cambio climático. Pero podemos vincular ambos conceptos con una misma fecha: San Valentín. Y es que, con el paso del tiempo, este día se ha ido convirtiendo en algo más representativo del consumismo que del amor. Hoy hablaremos de por qué el 14 de febrero puede convertirse en un enemigo del consumo responsable y el desarrollo sostenible.

¿Qué voy a leer en este artículo?

 

Frente al amor tóxico, consumo responsable

El impacto del consumo en el cambio climático es innegable. Mantener nuestro estilo de vida supone consumir los recursos que genera la Tierra para un año en menos de 7 meses. Recordemos que, en 2021, el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra fue el 29 de julio.

El modelo actual demanda una gran cantidad de recursos, tiene un alto impacto ambiental en el planeta y nos enfrenta a grandes contradicciones con el desarrollo sostenible. Existe un problema en la forma en la que producimos y consumimos. Un problema que se agudiza en determinadas fechas, como es el caso de San Valentín. Y es que la verdadera tradición de este día a veces parece limitarse a comprar y regalar.

Tanto es así, que el día de San Valentín se ha convertido en una industria multimillonaria. Solo en Estados Unidos se espera que se gasten alrededor de 24 mil millones dólares para celebrar el amor este 2022. El día de los enamorados es uno de los descubrimientos más logrados de la mercadotecnia comercial para potenciar las ventas en febrero, después de las Navidades.

 

“Solo en Estados Unidos se espera que se gasten alrededor de 24 mil millones dólares para celebrar el amor este 2022”

 

¿Qué supone esto para el planeta? Un gran ejemplo lo encontramos en lo que sucede con las flores. En 2018, se produjeron 250 millones de rosas para el Día de San Valentín. Y casi todas estas flores fueron importadas a EE.UU. en avión durante las tres semanas previas, según cuenta el Washington Post.

Además, para empeorar las cosas, las rosas deben refrigerarse cuando se envían para que se conserven en perfecto estado, y se hace con productos que liberan gases de efecto invernadero.

Nuestro propósito no es arruinar tu cita de ese día, sino invitarte a reflexionar sobre cuál es la forma más sostenible de expresar tus sentimientos por esa persona especial. El consumo busca avanzar en modelos responsables, mejores para las personas y para el planeta.

 

Celebraciones, ¿un impulso innecesario al consumismo?

Compramos, regalamos, compramos, consumimos. Esta dinámica no es solo propia de días como el de los enamorados, sino que se repite a lo largo del calendario. Navidades, San Valentín, Carnavales, cumpleaños, el Día del Padre o de la Madre, Halloween, etc. Incluso el propio consumo tienes sus fechas señaladas con el Black Friday o el Cyber Monday.

En realidad, cualquier día que se haya convertido en una celebración más o menos popular, acaba viviendo el mismo proceso y termina por servir para lo mismo: es una excusa para vender y vender más.      

Compramos de forma compulsiva, emocional. Un modus operandi que hace que nos ganemos el nombre de sociedad de consumo, como ya vimos en artículos anteriores. Y es que la situación es preocupante. Vivimos en un sistema de economía lineal donde desgastamos los recursos naturales y generamos toneladas de residuos.

¿Sabías que un tercio de todos los recursos extraídos en el mundo están vinculados a la producción de bienes comercializados? Según un informe publicado en 2020 por el Centro de Comercio y Medio Ambiente del PNUMA y el Panel Internacional de Recursos (IRP), en 2017 el requisito material para el comercio fue tres veces mayor que el comercio directo. Esto es, se extrajeron más de 35 mil millones de toneladas de recursos materiales a nivel mundial para producir 11 mil millones de toneladas de bienes comercializados directamente. Esto significa que un tercio del total de 92 mil millones de toneladas de recursos materiales extraídos en la economía global ese año se destinó a producir bienes para el comercio.

Con estos datos, queda claro que la extracción y procesamiento de recursos naturales no solo afecta a la sobrecapacidad de la Tierra. También aumenta los desechos, las emisiones, la pérdida de biodiversidad, la degradación de la tierra y la contaminación del agua.

Por eso, es necesario abordar los impactos ambientales adversos del comercio y garantizar que el sistema ayude a impulsar la transición hacia una economía circular más justa y sostenible.

 

 

  

Del consumidor pasivo al consumo responsable

Los consumidores tienen poder. Un poder difuso que ejercen cada vez que toman una decisión de compra. Y es que, si bien no podemos intervenir en los procesos de producción, sí podemos comprar y apoyar marcas o productos más sostenibles.

El consumo responsable defiende que otra forma de hacer las cosas es posible y empodera al consumidor para que tome decisiones conscientes sobre cuánto y qué compra, y cómo se produce. Se basa en dos máximas, que son consumir menos y que lo que consumamos sea sostenible.

“El consumo responsable se basa en consumir menos y que lo que consumamos sea sostenible”

Sin embargo, las personas, pese a tener la posibilidad de formar parte del cambio, no tenemos capacidad de cambiar todos los engranajes que hacen funcionar la maquinaría de la  sociedad de consumo. La configuración del modelo productivo de las industrias, así como las leyes y      las políticas públicas deberían ser palancas para corregir esta deriva que solo nos lleva a agravar el cambio climático y a consumir recursos del planeta de una forma innecesaria e irresponsable. 

A pesar de esto, sí podemos contribuir con nuestras decisiones individuales a promover el cambio.  Entonces, ¿qué implica el consumo responsable? ¿Cómo podemos participar en él?

  • Compra local y priorizar productos de temporada, en el caso de los alimentos.
  • Reduce el consumo innecesario.
  • Antepone comprar por necesidad a comprar por moda.
  • Interésate antes de comprar por conoces cuál es la  huella ecológica de los productos o servicios que vas a adquirir.
  • Prioriza calidad a cantidad, sobre todo en textiles, muebles o electrodomésticos.
  • Busca opciones que sean eficientes energéticamente.
  • Apuesta por productos hechos de materiales reciclados.

Comprar implica satisfacer una necesidad o un deseo, pero también activar toda una serie de procesos económicos, sociales y medioambientales. En este sentido, hacerlo de una manera responsable significa cuestionar a la hora de comprar qué es prescindible y qué no; y, después, escoger los productos, no solo por su precio o su calidad, sino también porque son respetuosos con el medio ambiente y porque las empresas que los elaboran cumplen con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). 

A través de nuestras decisiones podemos cuidar el medio ambiente y mitigar los efectos del cambio climático. ¿Te sumas al consumo responsable?