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La naturaleza se deteriora a una velocidad sin precedentes

Un nuevo informe alerta de los apuros por lo que está pasando el planeta: más de un millón de especies ya están en peligro de extinción.

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Un nuevo informe devastador alerta de los apuros por lo que está pasando el planeta a causa de la acción indiscriminada del ser humano. La humanidad somos el problema, resume, pero todavía podemos ser la solución.

La Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES), organismo independiente impulsado por la ONU, ha presentado en París su  último informe con conclusiones sin paños calientes: más de un millón de especies están en inminente peligro de extinción. El deterioro que ha sufrido la naturaleza en los últimos años es irrefutable, lo que significa una cadena de amenazas para los Objetivos de Desarrollo Sostenible, para los intentos de reducir la pobreza, para la economía mundial y para la estabilidad de un sinfín de factores sociales y medioambientales.

Aunque desde hace años venimos conociendo investigaciones y publicaciones que alertan del deterioro de la Tierra, sus recursos y ecosistemas, el informe sobre biodiversidad de la IPBES no parece ser uno más. Es uno de los más amplios elaborados a escala mundial, evalúa los cambios apreciados en los últimos 50 años y reúne el trabajo de 145 expertos de 50 países y la colaboración de otros 310 especialistas más.  Estas son algunas de sus conclusiones sobre la desaparición de biodiversidad.

 

Cifras que sobrecogen

Números y más números desoladores. El informe del IPBES arroja datos sobre especies en peligro de extinción y ecosistemas a punto del colapso que no pueden ser más alarmantes. En el planeta existen actualmente alrededor de 8 millones de especies de animales y plantas. De ellos, un millón está en peligro de extinción total, una amenaza que se ha acelerado en los últimos 40 años. El ultimátum del clima acecha a más del 40 % de las especies anfibias, a más de un tercio de los mamíferos marinos y otro tanto de los arrecifes de coral. En cuanto a los insectos, los investigadores hablan de que el 10 % de las especies están amenazadas.

La realidad no solo les afecta a ellos, sino también a la supervivencia de la especie humana, al progreso y a la estabilidad, ya que necesitamos de la biodiversidad para subsistir, como sucede por ejemplo con el caso de las abejas. Y es que no podemos separar los objetivos medioambientales de las metas fijadas en los ODS. Según el informe, el deterioro de especies y ecosistemas socavará en el 80 % los avances de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas previstos en la Agenda2030.

De hecho, los esfuerzos políticos para proteger la naturaleza y el medio ambiente han caído considerablemente. De muestra un botón: en 2010, en una reunión del Convenio sobre la Diversidad Biológica en Aichi, Japón, los delegados se fijaron una serie de objetivos sobre conservación de la biodiversidad para 2020 y, según la nueva evaluación, solo se ha logrado algún avance en cuatro de los 20 objetivos.

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El ser humano a juicio

Otra de las conclusiones del informe apunta a la mano del ser humano como el principal causante del problema de desaparición de la biodiversidad en el que se encuentra el planeta. Cinco son los impulsores del deterioro medioambiental, en todos somos el denominador común: la acción del ser humano sobre el mar y la tierra que altera sus ecosistemas, el expolio de los recursos marinos, la emisión de gases de efecto invernadero que provoca el cambio climático, la contaminación y la introducción de especies foráneas invasoras en hábitats a los que no pertenecen.

 

Un cambio de mentalidad: local y menos monetaria

La solución a este deterioro del medio ambiente está en las mismas manos del causante, el ser humano. Pero para ello necesitamos, no solo acciones concretas, sino un verdadero cambio de mentalidad y una trasformación en nuestra forma de desarrollo. Históricamente, vivir bien se ha entendido como producir más y consumir más.

Según el informe del IPBES y sus portavoces, la solución a la pérdida de biodiversidad pasa por modificar nuestra relación con la naturaleza y empezar a ver su valor más allá de lo monetario para dejar de mercantilizar con ella y tratarla como un bien material.

De hecho, es el momento de que los países modifiquen sus indicadores de riqueza, integrando el capital humano y el natural en los financieros. Un cambio radical en el paradigma económico que devuelva a la naturaleza el protagonismo.

Otra de las conclusiones del informe apunta a la gestión local de los ecosistemas como una de las llaves para detener las alteraciones de la naturaleza a nivel global. Los estudios evidencian que aquellos lugares sostenidos por comunidades indígenas mantienen su biodiversidad en mejores condiciones. Además, las plantas y semillas locales se adaptan mejor a las variaciones producidas por el cambio climático y el calentamiento global.

La realidad es que el necesitamos acciones urgentes globales y locales que impliquen a las instituciones y a cada uno de los individuos que habitamos el planeta para frenar la pérdida de biodiversidad.

Fuentes: BBC, El País, IPBES

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