Día de la Biodiversidad 2021: si la diversidad biológica tiene un problema, la humanidad también lo tiene

Los seres humanos somos responsables del desequilibrio de los ecosistemas, pero aún podemos ser parte de la solución.
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Cada 22 de mayo se celebra el Día Mundial de la Biodiversidad, la fecha señalada en el Calendario para concienciar al mundo sobre la importancia de proteger los recursos biológicos y la biodiversidad global que conforma nuestra naturaleza: no solo las diferentes especies de plantas, animales o microorganismos que existen, sino también las diversidades genéticas dentro de cada una de ellas, así como la enorme variedad de ecosistemas que forman nuestro planeta.

Que el Día Mundial de la Biodiversidad desapareciera de nuestros hitos anuales sería una gran noticia, ya que la existencia de los Días Mundiales radica en la necesidad de dar visibilidad a un problema que necesita ser afrontado con determinación. Pero en el caso de la biodiversidad, cada año son peores los datos sobre su deterioro y más urgente la necesidad de tomar medidas para detenerlo.

Según la ONU, la actividad humana ha alterado tres cuartos del medio ambiente terrestre y alrededor del 66% del medio marino, y de acuerdo con el último informe de la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES), más de un millón de especies de animales y plantas están en peligro de extinción.

Por eso, si no nos damos cuenta de que somos parte de la solución para afrontar esta situación, no podremos detener el deterioro al que estamos sometiendo a la naturaleza.

 

La biodiversidad, clave para frenar las pandemias

Según la ONU, más de 3.000 millones de personas dependen de la biodiversidad marina y de los litorales para subsistir y otros 1.600 millones dependen de los bosques. Conservar todas las especies de la Tierra ya no tiene solo un componente altruista, sino que es vital para garantizar nuestra supervivencia.

De hecho, pandemias como la del nuevo coronavirus COVID-19 nos obliga a reconsiderar el papel protector de la biodiversidad para el futuro del ser humano, ya que a sus múltiples beneficios se suma uno clave: nos protege de enfermedades infecciosas.

Existen pruebas de que perder biodiversidad podría aumentar los casos de zoonosis, es decir, de enfermedades trasferidas de animales a humanos. De hecho, el 70% de las infecciones emergentes en los últimos años han sido casos de zoonosis. Como en este proceso de contagio en la naturaleza suele haber varias especies implicadas, el deterioro en la biodiversidad y la extinción de muchas de ellas aumenta las posibilidades de que estos patógenos lleguen al ser humano.

Por eso, mientras la OMS nos pide prepararnos para posibles escenarios inesperados, los científicos insisten en que los mejor para el ser humano y para la estabilidad del planeta es rodearnos de ecosistemas saludables, funcionales y ricos en especies.

CÓMO NOS PROTEGE LA NATURALEZA DE POSIBLES PADEMIAS

Según algunos científicos, la biodiversidad del planeta tiene dos mecanismos de protección:

POR DILUCIÓN

Cuando un virus alcanza un huésped intermedio en el que no consigue unas concentraciones óptimas como para prosperar y las probabilidades de que siga contagiando quedan muy reducidas.

POR AMORTIGUAMIENTO

Cuando un virus alcanza un huésped intermedio cuya diversidad genética le permite adaptarse a él y volverse resistente al virus.

 

El ser humano tiene que ser parte de la solución

El lema de la ONU el pasado año para conmemorar el Día de la Biodiversidad fue “Nuestra solución está en la naturaleza”. Este año 2021, el organismo internacional ha querido cambiar el foco y recordarnos a la humanidad que nosotros también, y de manera determinante, “somos parte de la solución”, que la respuesta no está solo fuera y que sin el compromiso de cada uno de los seres humanos que vivimos en el planeta, la restauración del equilibrio de los ecosistemas será una absoluta quimera.

El cambio climático sigue siendo la gran amenaza de la biodiversidad

Y es que a pesar de que la biodiversidad es fundamental para la supervivencia del ser humano, nosotros, la humanidad, somos responsables de su mayor amenaza: el cambio climático.

Contamos con muchas especies que ya han sufrido sus consecuencias de manera irreversible o están a punto de hacerlo:

- Tres especies desaparecen cada horaLos bosques húmedos se quedan sin ranas

- De 100 a 150 especies desaparecen cada día

- De 15.000 a 80.000 especies desaparecen cada año

Estos números, pese a su gran magnitud, son solo eso, números. Pero si les ponemos una cara conocida puede que seamos más conscientes de lo que estamos perdiendo:

  • La población de osos polares de Canadá ha disminuido un 22% en los últimos treinta años como consecuencia del cambio climático. El derretimiento de los polos provoca una disminución de alimentos para cazar y unas distancias a veces inasumibles para cruzar a nado. Su malnutrición y la de sus crías impide que puedan pasar el invierno con garantías de supervivencia.
  • Hasta 74 especies de ranas de los bosques de niebla han desaparecido ya a causa de la sequedad del ambiente por el calentamiento global. Estos anfibios necesitan unas condiciones de humedad específicas para incubar sus huevos y estas condiciones se están dejando de dar en muchos ecosistemas.
  • La población de pingüinos Adelia en la Antártida disminuyó en los últiEl pingüino Adelia se queda sin alimentomos veinte años de 320 parejas a 54 parejas. ¿La razón? El aumento de 5,5 0C en la zona durante el último medio siglo ha provocado la migración masiva del kril, un tipo de crustáceo que supone su principal fuente de alimento, hacia aguas más frías y a las que estos pingüinos tienen un acceso muy limitado.
  • Los mosqueros, una especie de pájaro que habita en los Países Bajos, ha visto cómo su población ha disminuido en un 90% en pocas décadas. Nuevamente, el motivo es una alteración en el comportamiento de su fuente de alimentación causado por el cambio climático. Las crías de este de este pájaro nacen habitualmente a la vez que las orugas eclosionan. Con la paulatina subida de las temperaturas, las orugas comenzaron a adelantar su salida del huevo quince días, de manera que cuando nacen los polluelos del mosquero, sus progenitores no encuentran orugas para alimentarlos. 

 

Por eso, este año más que nunca digámonos cada uno en voz alta “Soy parte de la solución”.

Fuentes: Naciones Unidas, Diario el Ágora, eldiario.es, The Conversation