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Vehículos eléctricos sí, pero con energía renovable

Los vehículos eléctricos compartidos se presentan como la opción de movilidad más sostenible en las ciudades, pero ¿sabemos de dónde procede la energía con la que se recargan?

El problema de la contaminación en las grandes ciudades sigue estando de actualidad. Solo hace falta echarle un vistazo al mapa europeo de calidad del aire, un servicio interactivo puesto en marcha por la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) y la Comisión Europea, para darnos cuenta de los índices tan preocupante que muestran la mayoría de núcleos urbanos. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, en 2016 murieron cerca de 7 millones de personas a causa de los altos niveles de contaminación del aire y, según fuentes del Ministerio de Sanidad español, los picos de contaminación coinciden con un aumento radical de los ingresos en los hospitales.

El camino para ponerle freno a la boina de suciedad que corona las ciudades pasa por reducir el tráfico, prescindir de los vehículos que funcionan con motor de combustión, cuyas emisiones contaminantes son una de las causas más directas de la polución, y empezar a movernos por las ciudades de una forma más limpia y sostenible.

Algunas administraciones ya han implementado medidas para mejorar el aire que respiran sus vecinos con limitaciones de tráfico por contaminación, pero la concienciación de los ciudadanos a la hora de elegir formas de transporte sostenibles será clave si queremos revertir el problema.

El futuro es eléctrico

Imagina una calle ocupada por 200 personas que necesitan trasladarse hacia algún lugar de la ciudad. Si su elección ha sido el coche, casi no verás ni el asfalto porque estará ocupado por un horror vacui de 177 coches. Pero si la alternativa ha sido alguna más sostenible, ¿cómo sería esa foto? La consultora International Sustainable Solutions ilustra esta idea con estas curiosas imágenes para concienciarnos de la necesidad de un transporte sostenible.

Y es que cada vez es más difícil justificar por qué no somos más sostenibles en nuestros traslados por la ciudad. El muestrario de alternativas que ofrecen muchas de las grandes urbes cada vez es mayor, desde transporte público limpio, hasta todo tipo de vehículos eléctricos compartidos que no emiten ningún tipo de gas contaminante de forma local.

Nuestra elección tal vez dependerá de la distancia del trayecto, de la disponibilidad de vehículos en donde nos encontremos o del clima, pero en muchas de las principales ciudades europeas ya es posible moverse mediante coche, moto, bicicleta o patinete eléctrico. Un abanico de servicios que consumen poco, ayudan a aliviar el tráfico y, lo más importante, no producen absolutamente ninguna emisión en su funcionamiento.

¿Los vehículos eléctricos son 100 % sostenibles?

Por ahora, la elección de sostenibilidad más plausible es la de los vehículos eléctricos, queda claro. Pero el siguiente paso es preguntarse de dónde procede la energía con la que se recargan, ¿también es totalmente sostenible?

La generación de emisiones de pozo a rueda (well-to-wheel es el término inglés) es el concepto que nos da la respuesta, un índice que tiene en cuenta todo el ciclo de vida de la energía que afecta directa o indirectamente al funcionamiento del vehículo eléctrico: su procedencia, su transformación, el transporte y todos los consumos derivados de, finalmente, poner en movimiento las ruedas del coche.

En Madrid (España) por ejemplo ya existen motos de alquiler que utiliza energías renovables en todo este ciclo. No solo se trata de motocicletas eléctricas de consumo cero, sino que cuentan con la certificación de energía de origen 100 % renovable y la flota de vehículos que acompañan a las motos para su transporte o el de las baterías también es totalmente eléctrica.

Todavía queda mucho por hacer si queremos respirar aire limpio en nuestras ciudades, pero lo cierto es que esta alternativa es un buen comienzo. El futuro va tan rápido que, a este paso, ir al trabajo en coche propio se va a convertir en una práctica tan extravagante como abrir un restaurante para comer tú solo, o poner una tienda de ropa en la que no compre nadie más que tú.

Fuentes: eldiario.es, Airindex, Greenpeace, Verne, Naciones Unidas

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